miércoles, 25 de mayo de 2011

EL CELADOR DE OLOT (II): Falso Ángel de la Muerte

Joan Vila, el celador de la residencia La Caritat de Olot que acabó con la vida de 11 ancianos, no dijo toda la verdad sobre sus crímenes. En seis de los cadáveres se han encontrado lesiones compatibles con la ingesta de productos cáusticos -lejía u otros productos tóxicos de limpieza- , según el forense que ha analizado los cuerpos. Son tres más de los que reconoció Vila, que afirmó ante el juez que había matado a seis ancianos por sobredosis de psicofármacos, a dos suministrándoles insulina y a tres con productos tóxicos como lejía. Aunque en la mayoría de los casos el forense no ha podido atribuir las muertes a una sola causa, ayer explicó ante el juez que la ingesta de productos tóxicos produce un "gran sufrimiento".

           
El cadáver de Sabina Masllorens, una de las tres ancianas cuyo asesinato Vila reconoció primero, presentaba quemaduras en el labio y en el mentón, según el forense, además de altas dosis de fármacos. Las conclusiones del forense contradicen la versión de la doctora del centro, que afirmó en su declaración judicial que "no había quemaduras" en el cuerpo de la anciana cuando hizo las comprobaciones previas a la certificación del fallecimiento. La médico calificó la muerte de Masllorens como natural.
En el caso de Joan Canal, el forense ha encontrado "evidencias" de que el anciano ingirió productos tóxicos antes de morir. Zonas negras alrededor de la boca, restos de la acción de ácidos y quemaduras en la lengua así lo sugieren. En este caso, la doctora tampoco vio nada raro y creyó que la muerte se debía a un fallo multiorgánico derivado de la enfermedad pulmonar que padecía.
A pesar de que varios de los ancianos asesinados por Vila presentaban quemaduras externas, y algunos murieron de forma repentina, sin que su muerte fuera previsible a corto plazo, ni los trabajadores de la residencia ni los médicos del hospital de Olot -adonde fueron derivados en algún caso- sospecharon nada hasta el ingreso de Paquita Gironès. El médico de guardia observó unas quemaduras en la boca de la anciana y, al hablar con responsables de la residencia y enterarse de que la mujer estaba totalmente incapacitada, encendió todas las alarmas. Una de las facultativas que vio su cuerpo destacó ante el juez que las quemaduras en el pecho que sufrió Gironès, causadas al haber escupido el producto tóxico, y un golpe en la mejilla evidenciaban "la lucha" de la anciana por evitar su envenenamiento.
Antes de matar a Montserrat Guillamet -Vila la obligó a beber lejía-, el celador la colocó en la cama en forma de uve. Así se la encontró una enfermera, que se sorprendió de la posición porque Guillamet había vomitado y el protocolo aconseja colocar al paciente de lado o incorporarlo. El fallecimiento fue muy rápido y a la misma enfermera no le pareció normal, pero a pesar de ello nadie sospechó. Guillamet murió en el hospital de Olot y al día siguiente la doctora de La Caritat certificó la muerte en la funeraria sin hacer comprobaciones.
El forense justificó que las certificaciones de las muertes se hicieran con someros análisis de los cadáveres y de los historiales médicos de los pacientes. "Si se realizase un examen exhaustivo de cada muerto, se colapsarían los servicios de urgencias", declaró. El relato del forense y el del psiquiatra que le atendió en la cárcel de Can Brians contradicen la versión de Vila, quien "era consciente de que el cáustico provoca malestar y dolor", declaró el psiquiatra. La versión del celador de que mataba a los ancianos para aliviar su sufrimiento no cuadra, según este facultativo. El médico explicó, además, que cada vez que se pregunta al celador por esta contradicción "no lo sabe encajar y no sabe qué decir".

Falso ángel de la muerte
Obsesivo, meticuloso y controlador, Joan Vila se medica con ansiolíticos y antidepresivos desde hace años. Sin embargo, el psiquiatra que lo ha analizado en la cárcel afirma que el celador era consciente de lo que hacía y no padece trastornos graves. Vila ha dicho en varias ocasiones que acabó con la vida de los ancianos porque "les quería" y no deseaba verles sufrir, pero el psiquiatra desmonta esta versión del ángel de la muerte.
Vila sabía que provocaba sufrimiento, al menos en los ancianos a los que mató haciéndoles ingerir productos de limpieza, y no trató de atenuar el dolor. Según el psiquiatra, la dinámica del asesinato en la que entró Vila era quizás una forma "de buscar sentido a su vida" con la sensación de ser dueño y señor de la vida de los ancianos.
El asesinato le provocaba un sentimiento de bienestar por la generación de endorfinas, pero cada vez necesitaba más para sentirse bien, lo que explicaría por qué a los últimos ancianos los mató en un periodo mucho más corto que a los anteriores. La percepción de que sus crímenes quedaban impunes también le hacía sentir bien. Las contradicciones del celador son "contradicciones humanas" y no se deben a una patología psiquiátrica, concluye el médico.

Fuente: Elpaís

martes, 24 de mayo de 2011

EL CELADOR DE OLOT

La ausencia de protocolos y las irregularidades en el comportamiento del personal facilitaron la actuación de Joan Vila, el celador que acabó con la vida de 11 ancianos en la residencia La Caritat de Olot (Garrotxa). Durante dos años, el celador actuó con total impunidad, amparado en la ausencia de personal médico durante fines de semana y festivos y en un halo de respetabilidad que sus compañeros le habían conferido porque era diligente y tenía el título de auxiliar clínico. Además, una enfermera del centro ha declarado ante el juez que, al menos en una ocasión, la doctora certificó la muerte de una anciana "sin haber visto el cadáver", según consta en las declaraciones hechas esta semana por compañeros de Vila ante el juez.
           
Una ex empleada detalla como la doctora certificó el fallecimiento de Montserrat Canalies un día después de que se produjera y sin ver el cuerpo, que ya había sido trasladado. La médica, según los empleados de La Caritat, trabajaba solo dos horas los lunes por la tarde y los martes y los jueves por la mañana. Si la situación de un anciano se agravaba, las enfermeras podían llamarla al móvil, pero "a partir de las doce de la noche no se le llamaba nunca, aunque pasase algo muy grave".
En esos casos, según otra empleada, las enfermeras decidían si había que llamar a una ambulancia y qué tratamiento suministrar al anciano. La doctora "era reacia" a acudir a la residencia.
Las noches de los fines de semana, si no había ninguna enfermera, los auxiliares tenían que consultar las decisiones sobre los casos graves por teléfono con ellas. Sin embargo, muchas veces el que decidía era Joan Vila, al que los trabajadores tenían plena confianza, como han declarado en el juicio, y solo se avisaba a la enfermera después de que el celador actuara. "No había protocolo" para responder en caso de situación crítica, manifestó la trabajadora.
Joan Vila, que ha declarado que asesinó a seis ancianos con un cóctel de psicofármacos y a otros dos con una sobredosis de insulina, tenía acceso libre al cuarto de medicinas, al igual que el resto de trabajadores. La habitación estaba casi siempre abierta, a pesar de que en dos inspecciones se había instado a los responsables del centro a cerrarla. Cuando alguien cerraba con llave, la dejaban detrás de una radio en una estantería, y todos conocían su ubicación, según los diferentes testimonios.
A varias de las trabajadoras les sorprendió la súbita muerte de algunos ancianos que no se encontraban en situación crítica, y también el hecho de que muchos murieran durante el turno de Joan Vila, en fin de semana. Sin embargo, la confianza que tenían en el celador impidió que la sorpresa se materializase en algo más que un comentario esporádico.


Fuente: Elpaís

domingo, 15 de mayo de 2011

OVNI´s en la central de Fukushima

Un OVNI gigante ha sido filmado sobre la planta nuclear de Fukushima, en la cinta se aprecia como el aparato se desplaza lentamente sobre la central.
 En alemania, el caso ha sido documentado en las noticias de televisión. 12 de Abril 2011




Y ahora, dos video más de los supuestos OVNI´s.
El segundo es muy raro; parece un animal o algo así.




Y para terminar, el video-reportaje de Adrian Moscoso.

viernes, 13 de mayo de 2011

EXORCISMO REAL


Este año se cumplen sesenta y dos años del exorcismo real que inspiró una de las sagas de terror más célebres del siglo XX. La historia de Reagan MacNeil, la niña de la novela El exorcista y el largometraje homónimo, se inspiró en un caso verídico. El endemoniado fue en realidad un niño, a quien los investigadores e historiadores llaman, simplemente, Robbie, y al que le sucedieron cosas extraordinarias e incomprensibles.

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